Entrevista a Mónica Ojeda

Mónica Ojeda-Foto de Lisbeth Salas

Mónica Ojeda (Guayaquil, Ecuador, 1988) no siente ninguna presión o responsabilidad al estar en Bogotá39 de 2017; la lista de los mejores escritores de ficción menores de cuarenta años. Además hoy es parte de los finalistas que aspiran al III Premio Bienal Mario Vargas Llosa que se entregará a finales de mayo en Guadalajara. Ha publicado La desfiguración Silva (Premio Alba Narrativa, 2014), y Nefando (2016) y Mandíbula (2018) en editorial Candaya.

Nefando cuenta la historia de un grupo de amigos, tres de ellos hermanos, unidos por un videojuego en la deep Web. Pederastia, pornografía, literatura, autocastración giran alrededor de esta lectura que perturba y encanta al mismo tiempo. Mandíbula, por su parte, narra el amor caníbal entre madres e hijas, la perversidad entre unas amigas amantes de las creepypastas (historias de terror en internet) y la locura de una profesora y su alumna secuestrada. Las dos novelas llegan a ser experiencias físicas y dejan al lector sin piso y sin aire, y con una gran admiración por el trabajo de la escritora.

Ella afirma que “La literatura abre los ojos a zonas oscuras en donde es difícil abrirlos”. Sus libros, además de ser imposibles de olvidar, son una gran clase de escritura creativa a quien intente diseccionarlos. Ojeda busca generar una experiencia poética, que el lenguaje no sea un mero instrumento para contar una historia sino que además se convierta en un lugar dinamizador de sensaciones. La autora dice que todo se lo debe a la escritura, y es allí en donde quiere experimentar.

“Quizás esa postura al escribir, esa necesidad de llenar, de llenarme, de saciar algo que está destinado a ser insaciable me conduzca a hacerlo apuntando a superar los obstáculos que no pude superar en mis anteriores libros”. A Mónica Ojeda la caracteriza la búsqueda de intensidad como persona y escritora, basta con leerla, verla hablar en público o escuchar el tono de su voz en una entrevista vía WhatsApp:

¿Qué es para usted leer y escribir?

Son actos que parecen individuales y solitarios pero que en realidad representan un ejercicio colectivo, un ejercicio creativo de comunicación. No de diálogo porque no puedes dialogar con el libro, pero si comunicarte con lo que la escritura y la propuesta de un autor te está planteando…sigue leyendo la entrevista en El Cisne: libros y espacios de El Espectador.

© Isabel-Cristina Arenas, Barcelona 26 de junio de 2019

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