Y eran una sola sombra

Y eran una sola sombra de Isabel-Cristina Arenas Sepúlveda (Candaya, 2022)

Sobre la novela

Isabel es memoria viva y, aunque todo lo que la rodea causa una profunda tristeza en quienes la conocieron, quererla parece ser obligatorio. Temerosa ante la posibilidad de repetición de una vida, la narradora, que se llama como su abuela, necesita al mismo tiempo acercarse y alejarse de ella. Pero a veces ciertos destinos están marcados y no siempre es fácil desviarse de lo que los otros deciden. Y eran una sola sombra es una novela luminosa, llena de plantas y pájaros, de espejos y relojes, de martillos, cuchillos e hilos, donde los objetos son lo que son y algo más. Isabel-Cristina Arenas Sepúlveda intenta reconstruir un mundo a través de voces familiares que, a menudo, se contradicen y dejan abiertos vacíos y muchas preguntas. La fabricación de tabacos y de zapatos, oficios de Isabel y de su esposo Alfredo, tejen esta historia llena de secretos y algunas heridas, que comienza en los años veinte en Bucaramanga y termina en la actualidad en Barcelona.

Sobre la escritora

Isabel-Cristina Arenas Sepúlveda nació en Bucaramanga, Colombia, en 1980 y vive en Barcelona. Estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Industrial de Santander; también cursó la Especialización en Periodismo en la Universidad de Los Andes, el Máster en Creación Literaria en la Universidad Pompeu Fabra y la Diplomatura de postgrado en Librería de la Universidad de Barcelona.

Escribe en el diario colombiano El Espectador desde 2012. En su sección “El Cisne: libros y espacios” ha publicado , reseñas literarias, cuentos y reportajes.  Y eran una sola sombra (Candaya, 2022) es su primera novela. 

Isabel-Cristina Arenas Sepúlveda – Crédito foto: Paulina Flores

Video de presentación de la novela en Barcelona

Prensa

Las genealogías vegetales de la literatura pandémica, por Jorge Carrión, The Washington Post

(…) La escritora colombiana Isabel-Cristina Arenas Sepúlveda empezó a escribir Y eran una sola sombra hace una década, pero la terminó durante los meses de cuarentena. Presumo que fue entonces cuando incorporó a la reconstrucción de las vidas de sus abuelos su propia relación con las flores y las mudanzas. Se entrelazan con los jardines de su abuela y de su madre y con los objetos y oficios de otros familiares, creando un hermoso espacio de ecos gestuales entre esos dos mundos no humanos (y tan humanos no obstante).

Agencia Sophie Savary

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