What we talk about when we talk about love – Raymond Carver


Título: Principiantes - Autor: Raymond Carver - Anagrama

Título: Principiantes – Autor: Raymond Carver – Anagrama

A Raymond Carver lo conocí por Tres Rosas Amarillas, un cuento dedicado a Chejov que leí sólo porque el título me gustó y que después de terminar me hizo poner en mi libreta roja una nota: “Comprar algo de Carver”. Un tiempo después, en la Feria del Libro de Bogotá, ese algo se convirtió en Principiantes, libro que escogí porque en el prefacio decía que era Carver puro, sin editar.

Principiantes, un libro de cuentos, es la version original de Beginners: “What we talk about when we talk about love”, el mismo que fue editado-mutilado por Gordon Lish. Sobre la intervención de Lish en la obra de Carver hay un artículo buenísimo en la revista El Malpensante: El hombre que reescribía a Carver (link). Continuando con la idea anterior, me parece que el título suena mejor en inglés que en español y aunque en la vida real no tengo idea de qué hablamos cuando hablamos de amor, este libro me gustó muchísimo, y al final pude acostumbrarme a la traducción ibérica de Anagrama (no sé si pueda decir traducción ibérica, pero el término “españolete” suena horrible). Un ¡Venga!, en lugar de un efusivo, o “bailais”, “teneis” y “eis” infinitos cambian el tono crudo de Carver.

Carver-Carver fue doloroso, violento. A veces, muy pocas veces, para mi gusto un poco cursi, decía por ejemplo: “cuando la veo así me siento morir”, no sé, no me cuadra. Aunque también había partes como: “Éramos a un tiempo rápidos y tiernos. Pero era estupendo. Algo totalmente nuevo e inesperado, pero placentero”, frase que opacó lo poco cursi que encontré. Carver me mostró partes de una foto, escenas y objetos que juntos resumían lo miserables y contradictorios que son los sentimientos. El mejor ejemplo de esto es Visor, un cuento de Principiantes, aunque me quedo para siempre con ¿Por qué no bailáis?

Carver me hizo acordar de un libro de cuentos que leí el año pasado: Los amantes de Todos los Santos de Juan Gabriel Vásquez, especialmente de La vida en la isla de Grimsey. Algún día quiero tener una biblioteca tan grande como la que oí que tiene Juan Gabriel en su casa de España. A propósito, me alegró muchísimo que se ganara el Alfaguara de Novela 2011, porque aunque solo he leído un libro de él, lo he oído en dos conferencias y es realmente alguien que admiro.

Después de terminar Principiantes, tengo ganas de tomarme algo, un trago, pero no como los alegres con mis amigos de El Rato, sino uno triste, muy triste y hablar cosas simples, sin que lo simple sea malo. Cosas tan simples y tan profundas que es necesario hacer pausas largas, respirar, asomarse por la ventana y después tomarse otro trago e intentar algo imposible como no mirar en nuestro propio abismo y así seguir leyendo, otra cosa por un tiempo, y volver a Carver.

© Isabel-Cristina Arenas, Bogotá 31 de marzo de 2011

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