Muerte súbita – Álvaro Enrigue


Título: Muerte Súbita - Autor: Álvaro Enrigue – Anagrama

Título: Muerte Súbita – Autor: Álvaro Enrigue – Anagrama

Tengo un profesor llamado Juan Antonio Masoliver crítico de La Vanguardia desde hace muchos años. Escribe sobre cincuenta libros al año como mínimo, además es poeta, ensayista y traductor. Hace poco tuvimos una sesión abierta de clase y le pregunté que hasta dónde él le tenía paciencia a un libro, hasta qué hoja aguantaba su lectura. Respondió que más o menos hasta la setenta pero que casi nunca abandonaba los libros por respeto a los escritores. Nombró a Muerte súbita de Álvaro Enrigue como ejemplo. En su crítica sobre esta obra escribió: “es una novela a la altura de su desmesurada ambición. Se le exige mucho al lector y, como compensación, se le da lo mucho que promete”. En clase también nos comentó que al principio le había costado leerla y no entendía la relación de unos y otros, pero que después llegó a un punto en donde todo tenía sentido. Más o menos como la vida, pensé, aunque segundos más tarde me contradije: ¿qué sentido tiene pasarse horas escribiendo algo que nadie ha pedido, pelear con una palabra repetida, hacer esquemas, líneas de tiempo, inventar gente que no existe, arrugar hojas y tirarlas?

En la presentación de su libro en la librería Central de Barcelona cuando Álvaro Enrique se refería a las horas que había pasado investigando para escribir Muerte súbita, yo pensaba en un texto de Rodrigo Fresán llamado “La vocación literaria”, exactamente en este párrafo: “En mis inicios sabía que la formación de un escritor llevaba implícita la deformación de un médico, de un arquitecto, de un maestro, de alguien de provecho para la sociedad. Un escritor, en la mayoría de los casos, no sirve para nada sino para sí mismo”.

Presentación Muerte súbita – Álvaro Enrigue, Barcelona 16 enero 2014

Presentación Muerte súbita – Álvaro Enrigue, Barcelona 16 enero 2014

Hace pocos días leí una entrevista a Roberto Saviano, en donde decía que su vida estaba otra vez en peligro por el tema del que hablaba en su nueva obra: el negocio de la cocaína. Años antes Saviano había escrito un libro sobre la mafia napolitana (Gomorra, 2008). Así que ahora son dos grupos quienes lo persiguen. En casi todas sus respuestas decía que no era un héroe, que solo respondía a sus obsesiones y que se sentía muy mal por poner en peligro a la gente que quería. En el final de la entrevista el periodista escribe: “Todas las palabras de Saviano, aun las más dramáticas sobre su vida, fueron pronunciadas con una sonrisa en los labios.” (leer entrevista).

A Enrigue y a Saviano nadie les pide que escriban, quizá su vida estaría en mayor peligro si no lo hicieran, por lo menos eso pienso yo, que siento que mi deformación como ingeniera ha sido constante desde que vivo en Barcelona, pero que agradezco serlo porque me sirve para comer, viajar, comprar libros y escribir sobre algunos de ellos, como de Muerte súbita: Caravaggio y Quevedo: un duelo a muerte, artículo publicado en El Espectador (leer aquí).

 © Isabel-Cristina Arenas, Barcelona 20 de febrero de 2014

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