Réquiem – Antonio Tabucchi


Título: Réquiem - Autor: Antonio Tabucchi – Anagrama

Título: Réquiem – Autor: Antonio Tabucchi – Anagrama

Citarse con alguien en un recuerdo es una posibilidad que da Réquiem. ¿A quién elegir? El recuerdo debe existir, es decir no puede ser una escena nueva de esas que uno se inventa para lograr conciliar el sueño. No puede ser un anhelo, debe haber sucedido realmente. Quizás ya en el momento de la cita se llegue a crear dos recuerdos: el original y el renovado con las modificaciones en el guion. Antonio Tabucchi (1943-2012), el mago de Sostiene Pereira, resuelve temas del pasado en sus recuerdos.

Cuando yo era niña, para evitar que mi mente se fuera por tantos caminos antes de dormir, elegía a alguien y me iba con esa persona a una historia determinada; y ya en un solo camino me dormía. Si es que lograba dormir o me quedaba hablando en el sueño. Eso eran recuerdos inventados y no caben en este post. Volviendo a la pregunta inicial, elegiría a un amigo llamado Fabián. Retomaría las conversaciones y nos reiríamos de lo absurdo y genial que es citarse en un recuerdo. Y ahí estamos los dos hablando de mil temas como siempre. No vale recrear el recuerdo, es decir, no podremos en esta Navidad 2015, ir a sentarnos bajo ese mismo árbol de 1999 y revivir la charla como si no hubiera pasado el tiempo. Así no funciona, Tabucchi no lo permitía, se arruinaría todo. Sería mejor ir a un lugar nuevo y crear un recuerdo original.

En Réquiem un hombre que camina por Lisboa se va encontrando con algunos personajes, ajusta cuentas con el pasado y acomoda de alguna forma su presente que es el recuerdo mismo. En una parte del libro el Padre Joven del protagonista regresa a preguntarle por sus últimos días. Antes de esto, el caminante ha estado buscando a su amigo Tadeus para aclarar algo sobre Isabel, una mujer, la mujer, de su vida, con quien tendrá una cita más tarde; la de mayor importancia en el libro, que, sin embargo, queda en el aire (hay que buscar respuestas en otros libros de Tabucchi, quizá en Para Isabel, un mandala, obra póstuma publicada en 2014). El protagonista encuentra a Tadeus directamente en el cementerio, salen y van a comer un Sarrabulho à Moda de Sandim do Douro. Este libro da bastante hambre, en medio de todos estos recuerdos con el pasado comen: una feijoada, migas, açorda de mariscos, sargalheta, arroz de tamboril, ensopados de borreguinho y otros. Una buena opción eso de amenizar con comida los recuerdos que rompen las reglas del tiempo y del espacio.

El recuerdo-encuentro más importante, literariamente hablando, es el que tiene con Fernando Pessoa. También están, entre otros personajes que hablan con él: La Vieja Gitana, Isadora, El Barman del Museo de Arte Antiguo… Sin embargo, para mi él más genial de todos sucede frente al tríptico de Las tentaciones de San Antonio (El Bosco) en donde un pintor se dedica a copiar, a gran escala, pequeños detalles del cuadro. Por ejemplo pinta a los dos personajes que vuelan en la imagen del retablo derecho (ver abajo) y se los envía a su mecenas, dueño de un rancho en Texas tan grande como Lisboa. Ahora el Pintor Copista debe haber acabado con las Tentaciones y estará en El jardín de las delicias, con este tendrá por lo menos otros veinte años de trabajo.

Las Tentaciones de San Antonio – El Bosco

Las Tentaciones de San Antonio – El Bosco

A propósito de pinturas, el protagonista se pregunta: ¿no será posible que el cuadro ahora fuera distinto solo porque mis ojos lo miran de otra manera? Tengo 61 postales de obras de arte enmarcadas que he ido coleccionando desde hace unos años; están todas en una pared por la que paso todos los días. No cambian, o no me he dado cuenta si lo hacen, si se desordenan y a veces los Picasso se unen todos del mismo lado o si Atala resucita de vez en cuando en pleno funeral. La amapola de maíz de Kees Van Dongen está lejos, en el escritorio, y no alcanza a vigilarlos.

Fabián, mi amigo elegido para mi cita-recuerdo, dice que le gusta el Cóndor (1970), de Alejandro Obregón  (que no tengo en la pared), por lo que debo ir a comprar dos postales, una para mi pared y otra para él, pues todavía no se ha resuelto el cómo, el medio, para hacer que funcione eso de citarse en un recuerdo y entrar por la misma imagen puede ser una solución.

Postales

Postales

© Isabel-Cristina Arenas, Barcelona 16 septiembre de 2015

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